El documental “Obispo Rojo” (Cuba-México, 2024), del director Francesco Taboada Tabone, oriundo de Cuernavaca, Morelos (1973), quien se formó en Ciencias de la Comunicación (Tecnológico de Monterrey), y obtuvo la maestría en estudios mesoamericanos (UNAM), es una obra de larga duración con una narrativa que mantiene a quien mira atento a toda la información que ofrece.
El director, además de investigar desde lo académico, también se ha ocupado de la revitalización lingüística, especialmente del náhuatl en Morelos, y ha participado en intervenciones comunitarias que cruzan lo audiovisual y lo social, por lo que su labor no se reduce al cine y en su obras logra una densidad que trasciende el mero registro de los hechos, combinando el registro documental con el compromiso político social.
De este modo, su activismo se alinea con la lógica del documental como herramienta de memoria, resistencia y empoderamiento, es decir, no sólo se enfoca en “mirar”, sino “poner en escena” saberes marginados, actores sociales olvidados y relatos silenciados.
La filmografía documental de Taboada ha obtenido reconocimiento en festivales internacionales e inició con su ópera prima “Los Últimos Zapatistas” (2001), en la que rescata el testimonio de veteranos del movimiento zapatista.
Continuó con “Pancho Villa, La Revolución no ha terminado" (2007), en donde aborda la figura de Villa y su legado en varios estados de la república mexicana. Después nos entregó “13 Pueblos en defensa del agua, el aire y la tierra" (2008), documental de carácter ambientalista y social que se centra en comunidades indígenas de Morelos.
Fue al estar filmando dicho documental que descubrió que junto a los pueblos nahuas que estaban en disputa, había sacerdotes comprometidos con la lucha, lo que llamó su atención porque por lo general las autoridades eclesiásticas de nuestro país son conservadoras; sin embargo, Taboada entendió que la postura de dichos sacerdotes tenía como origen las enseñanzas de don Sergio Méndez Arceo, por lo que decidió comenzar a escribir el guión de esa historia que creyó sería local, pero en medio de la investigación se dió cuenta que tenía conexiones a nivel mundial.
Así, “Obispo rojo” requirió una investigación profunda sobre la vida del obispo mexicano Carlos Sergio Méndez Arceo, quien en los años 70 enfrentó las estructuras tradicionales de la Iglesia católica y los regímenes autoritarios latinoamericanos.
La profundidad de la investigación es uno de los grandes méritos de este documental. En él se muestra material inédito de Sergio Méndez a partir de una investigación hemerográfica inicial, acompañada de entrevistas a personas que lo conocieron y/o convivieron con él en diferentes ciudades de México y Latinoamérica. Es relevante mencionar que a partir de la narración de “Obispo Rojo” nos damos cuenta que Méndez Arceo es una figura cuya presencia aparece “silenciada” tanto por la historia oficial como por la jerarquía eclesiástica.
En este documental Taboada dirige, escribe el guión, produce y edita, demostrando su oficio al estructurar un relato de larga duración (casi tres horas), sin perder el pulso de la investigación, ya que utiliza testimonios de personalidades como Sylvia Marcos, Teresa Forcades, Enrique Dussel, Leonardo Boff, entre otras; y material de archivo inédito, articulados en escenas que permiten observar la tensión entre Iglesia, Estado y movimientos sociales.
En el guión Taboada asume no sólo la biografía lineal, sino la condición de transformación, es decir, mostrar cómo Méndez Arceo pasa de una postura conservadora a abrazar la teología de la liberación y la opción por los pobres. Lo hace mediante bloques temáticos como la reforma litúrgica, el impulso obrero, la solidaridad con exiliados; mismos que dialogan con testimonios. En ese sentido, es interesante como “Obispo Rojo” se puede configurar también como herramienta formativa al permitir indagar la intersección entre religión, política, movimientos sociales y derechos humanos.
La cámara de Taboada dirige su mirada hacia un personaje que a partir de las experiencia de vida cambia su perspectiva, pues el twist point es el momento en que Méndez llega con unos obreros en huelga y uno de ellos le hace consciente de su lugar social al decirle: “usted no sabe nada de los pobres”, lo que marca claramente su cambio que se concreta en la idea de no ser juez, sino parte en los conflictos obrero-patronales. Ésto seguramente exige un tono más bien serio, que el realizador mantiene con algunos momentos humorísticos, pero siempre evitando en el panfleto fácil.
Los primeros planos de las entrevistas acompañan momentos íntimos de silencio de éstas, y algunos muy emotivos. Estos se mezclan de manera armónica con planos más amplios de lo que podríamos denominar “paisaje social”: fábricas, parroquias, huelgas obreras, entre otros. Lo anterior, nos permite presenciar cómo Taboada no sólo está retratando un individuo, sino una comunidad con la que el obispo se alió y la cual lo recuerda y honra.
La fotografía, a cargo de Fernanda Robinson, aporta un valor estético importante, ya que en algunos momentos el archivo en blanco y negro puede dialogar sin contratiempo, con metraje contemporáneo de Cuernavaca y latinoamérica, lo que permite una lectura temporal y espacial.
La sonoridad del filme, articula un contrapunto entre momentos litúrgicos, piezas de mariachi y toques de jazz. Ello me parece un acierto, ya que funciona para subrayar la tensión entre lo sagrado institucional (Iglesia) y lo popular, lo rebelde y lo comunitario. Por ejemplo, la integración de mariachis en la misa celebrada por Méndez Arceo rompe con la solemnidad de la liturgia tradicional y abre un espacio para lo popular, lo cual Taboada aprovecha para marcar simbólicamente como un quiebre. Asimismo, el jazz introduce un ritmo “otro”, una fisura auditiva que evoca la modernidad, la disidencia y la síntesis cultural.
La relación de Méndez con la jerarquía eclesiástica se muestra tensa debido a su cercanía con movimientos populares. Lo que hizo que fuese observado por la Santa Sede y que lo vincularan con corrientes de la izquierda cristiana. Además, en el contexto mexicano entre 1950 a 1980, la Iglesia católica vivía un complejo escenario de relación con el Estado mexicano.
Méndez Arceo jugó un papel crítico en la redefinición de esa relación, ya que prefirió apoyar a las personas pobres, a los sindicatos en huelga, y albergar a personas guerrilleras y exiliadas políticas latinoamericanas en su diócesis. Estos actos no contaron con la aprobación del Vaticano y el Estado mexicano, en el contexto de la Guerra Fría. Así, el mote “Obispo Rojo” aparece porque su activismo social, simpatía hacia movimientos de izquierda y teología de la liberación lo hicieron ver como un “rojo” por sectores conservadores de la Iglesia y el Estado.
Méndez Arceo fue un precursor del cristianismo de base liberador en México, alineándose con teólogos como Leonardo Boff (Brasil) y compartiendo espacios con Iván Illich, quien criticaba la modernidad, la institucionalización de la Iglesia y defendía la opción por la sencillez.
Aunque en el documental de Taboada el tema se menciona tangencialmente, cabe destacar la historia del Convento de Santa María la Resurrección en Ahuacatitlán (Morelos) —donde se exploraron entonces prácticas de psicoanálisis entre monjes benedictinos bajo la dirección de Gregorio Lemercier— También es muestra de su visión reformista, pues autorizó que se llevara a cabo y apoyó tanto como le fue posible, el proyecto de Lemercier. Así, este fragmento nos remite al falso documental “Feral” (2021) de Andrés Kaiser, quien se inspiró en el texto de Vicente Leñero, “Pueblo Rechazado” (1968), que a su vez se basa en la experiencia del conflicto que generó la práctica del psicoanálisis en el monasterio de Lemercier y que fue prohibida por el Vaticano.
Ahora bien, en "Feral", Kaiser imagina qué podría haber ocurrido con los monjes después de su renuncia a la vocación, alejados del monasterio, en un bosque, y plantea la tensión entre la teología del cuerpo, el psicoanálisis y la institución eclesial. Por su parte, en “Obispo Rojo”, se recupera una figura real que transitó la frontera Iglesia–disidencia, lo cual alude en parte al mismo territorio simbólico que Lemercier exploró: poder religioso, cuerpo, psicoanálisis, liberación y silenciamiento.
En general, podemos decir que ambas obras denuncian cómo la institución religiosa negó espacios de transformación profunda y cómo los sujetos que se alinearon con la liberación fueron anulados o invisibilizados. Así, la figura de Méndez Arceo no solo puede leerse en clave eclesial o política, sino también en las dinámicas simbólicas en las que el cuerpo del obispo es mediador entre estructura y comunidad, y entre represión y liberación.
“Obispo Rojo” es un documental que rescata a un actor silenciado del movimiento progresista católico y de los derechos humanos en México, da material de análisis para comprender la intersección entre Iglesia y política en un periodo crucial de América Latina, y además lo hace con un lenguaje audiovisual que dialoga con la estética del archivo, el testimonio y la musicalidad.
En definitiva, “Obispo Rojo” no solo cuenta la historia de Sergio Méndez Arceo, sino que invita a repensar la Iglesia mexicana, el sujeto cristiano progresista, la memoria de los pueblos y la estética del documental como espacio de educación y transformación. En esos términos, en Méndez Arceo encontramos una figura que cuestionó múltiples ejes de opresión mientras se mantenía dentro del cuerpo eclesial. Y eso, honestamente, es poco común. MariNú

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