martes, 13 de enero de 2026

"O Agente Secreto" de Kleber Mendonça Filho (Brasil, 2025)

“El Agente Secreto” (Brasil, 2025), es una película pensada desde la memoria corporal y la fatiga histórica. No solo en su puesta en escena, sino también en la elección de su protagonista. Por primera vez en su carrera, Kleber Mendonça Filho, escribió un personaje imaginando un cuerpo específico: el de Wagner Moura. Esa decisión no es menor. Marca un punto de convergencia entre dos trayectorias políticas y artísticas que llevan años dialogando con el poder, la violencia y la memoria.
Moura interpreta a Marcelo, un “agente” atípico: no violento y sin arma. Un hombre que huye y respira dentro de un sistema que ya aprendió a funcionar sin mostrar abiertamente su brutalidad. Esta actuación se sostiene en silencios, miradas y un cuerpo que muestra fatiga y hartazgo. Lejos del grito autoritario del Capitán Nascimento en “Tropa de Elite” (Brasil, 2007), Marcelo, encarna el reverso del poder: sus consecuencias íntimas, su desgaste y su miedo. Moura encarna la vulnerabilidad de una época.
La trayectoria de Moura, vista en conjunto, dibuja un arco: del ejecutor del orden, al fugitivo silencioso. Ese desplazamiento se vuelve explícitamente político cuando dirige “Marighella” (Brasil, 2019), donde asume la memoria de la resistencia brasileña en un contexto contemporáneo hostil. “El Agente Secreto” recoge esa conciencia y la depura: ya no se trata de confrontar al poder, sino de mostrar lo que deja en los cuerpos cuando se normaliza la violencia.

(Crédito desconocido)
Por otra parte, en la filmografía de Mendonça Filho, la película se ubica como un cruce decisivo entre el thriller político, el cine de archivo y la memoria. “El Agente Secreto” filma la dictadura como pedagogía cotidiana: humos, ruidos, burocracia, indiferencia y omisiones. Aquí la violencia no estalla; se respira. El filme dialoga directamente con “Retratos fantasmas” (Brasil, 2023): el archivo ya no es sólo memoria, sino un dispositivo narrativo que conecta el pasado con el presente, demostrando que el primero no se fue, solo aprendió a caminar entre nosotrxs.
También aborda la memoria individual de Mendonça, ya que 1977 es el primer año que recuerda con nitidez y la película se desarrolla en Recife (Pernambuco, Brasil), en donde nació. El guión recupera y nace de los recuerdos y el archivo. De evocar a su madre quien fue historiadora.
Tanto Moura como Mendonça sostienen una postura política clara: el autoritarismo no siempre se impone por la fuerza visible, sino por la costumbre, el silencio y la administración del miedo. Su cine no sermonea; incomoda. No ofrece consuelo; ofrece conciencia. En tiempos donde la violencia vuelve a normalizarse bajo nuevas retóricas de orden, “El Agente Secreto” insiste en una pregunta: Si el cine puede activar el pasado como si acabara de ocurrir… ¿Qué formas de violencia del presente estamos aceptando ya como “normales” sin siquiera nombrarlas?
MariNú



"Obispo Rojo" de Francesco Taboada Tabone

El documental “Obispo Rojo” (Cuba-México, 2024), del director Francesco Taboada Tabone, oriundo de Cuernavaca, Morelos (1973), quien se formó en Ciencias de la Comunicación (Tecnológico de Monterrey), y obtuvo la maestría en estudios mesoamericanos (UNAM), es una obra de larga duración con una narrativa que mantiene a quien mira atento a toda la información que ofrece.
El director, además de investigar desde lo académico, también se ha ocupado de la revitalización lingüística, especialmente del náhuatl en Morelos, y ha participado en intervenciones comunitarias que cruzan lo audiovisual y lo social, por lo que su labor no se reduce al cine y en su obras logra una densidad que trasciende el mero registro de los hechos, combinando el registro documental con el compromiso político social.
De este modo, su activismo se alinea con la lógica del documental como herramienta de memoria, resistencia y empoderamiento, es decir, no sólo se enfoca en “mirar”, sino “poner en escena” saberes marginados, actores sociales olvidados y relatos silenciados.
La filmografía documental de Taboada ha obtenido reconocimiento en festivales internacionales e inició con su ópera prima “Los Últimos Zapatistas” (2001), en la que rescata el testimonio de veteranos del movimiento zapatista.
Continuó con “Pancho Villa, La Revolución no ha terminado" (2007), en donde aborda la figura de Villa y su legado en varios estados de la república mexicana. Después nos entregó “13 Pueblos en defensa del agua, el aire y la tierra" (2008), documental de carácter ambientalista y social que se centra en comunidades indígenas de Morelos.
Fue al estar filmando dicho documental que descubrió que junto a los pueblos nahuas que estaban en disputa, había sacerdotes comprometidos con la lucha, lo que llamó su atención porque por lo general las autoridades eclesiásticas de nuestro país son conservadoras; sin embargo, Taboada entendió que la postura de dichos sacerdotes tenía como origen las enseñanzas de don Sergio Méndez Arceo, por lo que decidió comenzar a escribir el guión de esa historia que creyó sería local, pero en medio de la investigación se dió cuenta que tenía conexiones a nivel mundial.
Así, “Obispo rojo” requirió una investigación profunda sobre la vida del obispo mexicano Carlos Sergio Méndez Arceo, quien en los años 70 enfrentó las estructuras tradicionales de la Iglesia católica y los regímenes autoritarios latinoamericanos.
La profundidad de la investigación es uno de los grandes méritos de este documental. En él se muestra material inédito de Sergio Méndez a partir de una investigación hemerográfica inicial, acompañada de entrevistas a personas que lo conocieron y/o convivieron con él en diferentes ciudades de México y Latinoamérica. Es relevante mencionar que a partir de la narración de “Obispo Rojo” nos damos cuenta que Méndez Arceo es una figura cuya presencia aparece “silenciada” tanto por la historia oficial como por la jerarquía eclesiástica.
En este documental Taboada dirige, escribe el guión, produce y edita, demostrando su oficio al estructurar un relato de larga duración (casi tres horas), sin perder el pulso de la investigación, ya que utiliza testimonios de personalidades como Sylvia Marcos, Teresa Forcades, Enrique Dussel, Leonardo Boff, entre otras; y material de archivo inédito, articulados en escenas que permiten observar la tensión entre Iglesia, Estado y movimientos sociales.
En el guión Taboada asume no sólo la biografía lineal, sino la condición de transformación, es decir, mostrar cómo Méndez Arceo pasa de una postura conservadora a abrazar la teología de la liberación y la opción por los pobres. Lo hace mediante bloques temáticos como la reforma litúrgica, el impulso obrero, la solidaridad con exiliados; mismos que dialogan con testimonios. En ese sentido, es interesante como “Obispo Rojo” se puede configurar también como herramienta formativa al permitir indagar la intersección entre religión, política, movimientos sociales y derechos humanos.
La cámara de Taboada dirige su mirada hacia un personaje que a partir de las experiencia de vida cambia su perspectiva, pues el twist point es el momento en que Méndez llega con unos obreros en huelga y uno de ellos le hace consciente de su lugar social al decirle: “usted no sabe nada de los pobres”, lo que marca claramente su cambio que se concreta en la idea de no ser juez, sino parte en los conflictos obrero-patronales. Ésto seguramente exige un tono más bien serio, que el realizador mantiene con algunos momentos humorísticos, pero siempre evitando en el panfleto fácil.
Los primeros planos de las entrevistas acompañan momentos íntimos de silencio de éstas, y algunos muy emotivos. Estos se mezclan de manera armónica con planos más amplios de lo que podríamos denominar “paisaje social”: fábricas, parroquias, huelgas obreras, entre otros. Lo anterior, nos permite presenciar cómo Taboada no sólo está retratando un individuo, sino una comunidad con la que el obispo se alió y la cual lo recuerda y honra.
La fotografía, a cargo de Fernanda Robinson, aporta un valor estético importante, ya que en algunos momentos el archivo en blanco y negro puede dialogar sin contratiempo, con metraje contemporáneo de Cuernavaca y latinoamérica, lo que permite una lectura temporal y espacial.
La sonoridad del filme, articula un contrapunto entre momentos litúrgicos, piezas de mariachi y toques de jazz. Ello me parece un acierto, ya que funciona para subrayar la tensión entre lo sagrado institucional (Iglesia) y lo popular, lo rebelde y lo comunitario. Por ejemplo, la integración de mariachis en la misa celebrada por Méndez Arceo rompe con la solemnidad de la liturgia tradicional y abre un espacio para lo popular, lo cual Taboada aprovecha para marcar simbólicamente como un quiebre. Asimismo, el jazz introduce un ritmo “otro”, una fisura auditiva que evoca la modernidad, la disidencia y la síntesis cultural.
La relación de Méndez con la jerarquía eclesiástica se muestra tensa debido a su cercanía con movimientos populares. Lo que hizo que fuese observado por la Santa Sede y que lo vincularan con corrientes de la izquierda cristiana. Además, en el contexto mexicano entre 1950 a 1980, la Iglesia católica vivía un complejo escenario de relación con el Estado mexicano.
Méndez Arceo jugó un papel crítico en la redefinición de esa relación, ya que prefirió apoyar a las personas pobres, a los sindicatos en huelga, y albergar a personas guerrilleras y exiliadas políticas latinoamericanas en su diócesis. Estos actos no contaron con la aprobación del Vaticano y el Estado mexicano, en el contexto de la Guerra Fría. Así, el mote “Obispo Rojo” aparece porque su activismo social, simpatía hacia movimientos de izquierda y teología de la liberación lo hicieron ver como un “rojo” por sectores conservadores de la Iglesia y el Estado.
Méndez Arceo fue un precursor del cristianismo de base liberador en México, alineándose con teólogos como Leonardo Boff (Brasil) y compartiendo espacios con Iván Illich, quien criticaba la modernidad, la institucionalización de la Iglesia y defendía la opción por la sencillez.
Aunque en el documental de Taboada el tema se menciona tangencialmente, cabe destacar la historia del Convento de Santa María la Resurrección en Ahuacatitlán (Morelos) —donde se exploraron entonces prácticas de psicoanálisis entre monjes benedictinos bajo la dirección de Gregorio Lemercier— También es muestra de su visión reformista, pues autorizó que se llevara a cabo y apoyó tanto como le fue posible, el proyecto de Lemercier. Así, este fragmento nos remite al falso documental “Feral” (2021) de Andrés Kaiser, quien se inspiró en el texto de Vicente Leñero, “Pueblo Rechazado” (1968), que a su vez se basa en la experiencia del conflicto que generó la práctica del psicoanálisis en el monasterio de Lemercier y que fue prohibida por el Vaticano.
Ahora bien, en "Feral", Kaiser imagina qué podría haber ocurrido con los monjes después de su renuncia a la vocación, alejados del monasterio, en un bosque, y plantea la tensión entre la teología del cuerpo, el psicoanálisis y la institución eclesial. Por su parte, en “Obispo Rojo”, se recupera una figura real que transitó la frontera Iglesia–disidencia, lo cual alude en parte al mismo territorio simbólico que Lemercier exploró: poder religioso, cuerpo, psicoanálisis, liberación y silenciamiento.



En general, podemos decir que ambas obras denuncian cómo la institución religiosa negó espacios de transformación profunda y cómo los sujetos que se alinearon con la liberación fueron anulados o invisibilizados. Así, la figura de Méndez Arceo no solo puede leerse en clave eclesial o política, sino también en las dinámicas simbólicas en las que el cuerpo del obispo es mediador entre estructura y comunidad, y entre represión y liberación.
“Obispo Rojo” es un documental que rescata a un actor silenciado del movimiento progresista católico y de los derechos humanos en México, da material de análisis para comprender la intersección entre Iglesia y política en un periodo crucial de América Latina, y además lo hace con un lenguaje audiovisual que dialoga con la estética del archivo, el testimonio y la musicalidad.
En definitiva, “Obispo Rojo” no solo cuenta la historia de Sergio Méndez Arceo, sino que invita a repensar la Iglesia mexicana, el sujeto cristiano progresista, la memoria de los pueblos y la estética del documental como espacio de educación y transformación. En esos términos, en Méndez Arceo encontramos una figura que cuestionó múltiples ejes de opresión mientras se mantenía dentro del cuerpo eclesial. Y eso, honestamente, es poco común. MariNú



“Autos, m0t4 y rocanrol” (2025): juventud, resistencia y memoria en el cine

José Manuel Cravioto regresa con una propuesta arriesgada y fresca. Si en “Olimpia” (2018) recreó el movimiento estudiantil del 68 con rotoscopía, ahora en “Autos, m0t4 y rocanrol” se adentra en el mito de Avándaro (1971), llamado el “Woodstock mexicano”.

La película combina comedia negra, falso documental y material de archivo para narrar cómo un concierto y una carrera de autos terminaron convirtiéndose, sin siquiera imaginarlo, en el festival más emblemático del rock mexicano. Con humor, sátira y estética de 16mm, Cravioto nos recuerda que la contracultura no fue sólo libertad, sino también tensiones, contradicciones y exclusiones.

En esta aventura cinematográfica participan: Emiliano Zurita (premiado en el FICG 2025) y Alejandro Speitzer como la dupla protagónica, que dan vida al "Chaparro" y al "Negro". Otro detalle destacado es el diseño de arte que recrea los 70 con detalle y energía.

En el sound track podemos escuchar música de Three Souls in My Mind, Peace and Love y Dug Dug’s, reinterpretada por bandas como URSS bajo el árbol y Lost Jipitecas, además del aporte de Francisco Cravioto, que nos transporta directo al festival.

En el film las mujeres aparecen en papeles secundarios, reproduciendo la invisibilidad que hemos padecido en la memoria oficial de la contracultura. No obstante, podemos ver personajes como Ella Laboriel, jefa de prensa del festival y a una jovencísima Celia Lora. También desfocaliza la figura de la joven conocida por años como “La encuerada de Avándaro”, mostrando que el desnudo no fue la excepción, sino la norma en este evento y que fue, en cierto modo, un forma de expresión generacional en contra de las convenciones morales de la época.

Un detalle que me parece acertado fue la inclusión del personaje de Enrique Marroquín (México, 1939), sacerdote mexicano, intelectual y progresista, quien documentó y analizó la contracultura en México, específicamente a los jipitecas, escribiendo sobre la espiritualidad, la cultura de la época y el rock en publicaciones como "Piedra Rodante" (Rolling Stone), en donde publicó un texto / testimonio titulado "Dios quiere que llueva para unirnos". También brindó cursos sobre el blues, los poetas malditos y los escritores beatniks y participó en los "happenins" convocados por Alejandro Jodorowsky.

En conjunto con “Olimpia”, la cinta forma un díptico sobre juventud, rebeldía y memoria en México. Una invitación a repensar nuestro pasado, nuestras luchas y nuestras formas de narrarlas.
Maricruz Gómez López.



Estreno comercial: 11 de septiembre de 2025, a 54 años del Festival de Avándaro.
Disponible en Cineteca Nacional y circuito de cines independientes.
¿Ya la viste? ¿Qué opinas de esta mezcla de sátira, memoria y rock mexicano?




miércoles, 6 de septiembre de 2023

Huesera (2022). La maternidad será deseada o no será.

 Por: Maricruz Gómez

Huesera (México - Perú, 2022), ópera prima de Michelle Garza Cervera (CCC), inicia con una pantalla en negro y el sonido de cohetes, campanas, canto de aves, de algo que se arrastra y el pujido de una mujer. Después vemos las piernas de alguien que sube una escalinata de rodillas con un cojín bajo éstas, mientras escuchamos, en una voz femenina, el Padre nuestro y miramos la espalda de Valeria (Natalia Solián), para después escuchar el cántico de La Guadalupana, mientras que entre las copas de los árboles se devela el rostro dorado de la “Morenita del Tepeyac” y entre sus palmas brilla el sol. Las voces continúan y vemos el rostro de la protagonista con un gesto entre la desaprobación y el esfuerzo de subir la inmensa escalinata que la llevará a los pies de la monumental Virgen de Guadalupe de 33 metros de altura, ubicada en Ocuilan, muy cerca del centro de peregrinaje en el poblado de Chalma, en el Estado de México. Escuchamos el hipnótico cántico al mismo tiempo que la toma se abre provocando el vértigo de quien mira, para mostrarnos la inmensidad de dicha figura que es símbolo del amor maternal.

El tema central de este film de horror psicológico es la maternidad como precepto impuesto de tal modo que parece un deseo y una decisión propia, autónoma y un “instinto natural”. Al mismo tiempo es planteada como una situación que limita, anula y significa pérdidas y renuncias. Por esto, la película nos lleva a reflexionar: ¿todas las decisiones que tomamos las mujeres sobre nuestras vidas y cuerpos son en realidad producto de nuestra agencia?, ¿es la maternidad un acto voluntario en un contexto cultural cuyo mandato es ser madre como la única vía de realización posible para las mujeres?, ¿cuáles son las pérdidas que implica para Valeria su maternidad?

El film cuenta de manera lineal, con un flash back, desde que Valeria, acude a pedir el milagro de la maternidad en compañía de su madre Maricarmen (Aída López) y su tía Isabel (Mercedes Hernández); hasta el momento que debe tomar una decisión sobre el rumbo de su vida. También narra el proceso de su embarazo, durante e cuál se hacen evidentes las renuncias que debe aceptar debido a su condición y le ponen de frente aquello que ha tenido que ocultar de sí misma para tener esa vida idealizada y lograr la aprobación de otros. 

Así, a manera de contraste, vemos correr a la Valeria adolescente mientras grita al ritmo de una canción de PUNK rock: “No me gusta la domesticación…”, y después, a la protagonista adulta embarazada, en un rincón del cuarto que antes fue su taller,  símbolo de su independencia, y que ahora será el de su bebé, meciéndose en una silla con cierta tristeza en el rostro.

El embarazo de Valeria, en un primer momento, parece un deseo y decisión autónoma, pues ella y su esposo Raúl (Alfonso Dosal) se muestran felices cuando se enteran, pero no pasará mucho tiempo para que, mientras hace los preparativos para recibir a su hijo o hija, ella comience a sentirse angustiada y agobiada al notar que aún antes de nacer su hijo (a), ha comenzado a limitar su campo de acción y a bloquear aquello que ella disfrutaba y le brindaba seguridad e independencia económica.

El tema de la película deriva, de acuerdo con la directora, de su luto ante la pérdida de su madre y la reflexión sobre las maternidades en su familia, en especial del hecho de que una de sus abuelas tomó la misma decisión que Valeria. También de su experiencia ante el libro Mujeres que corren con lobos de Clarissa Pinkola y particularmente del relato “La Huesera” que trata de una mujer que recolecta huesos de animales que habitaron en el desierto y que para Garza también habla de los procesos difíciles y dolorosos que no quieres ver contigo misma y que te causan temor, de ahí que la realizadora retomó la idea para el título.

Se ha especulado sobre si Huesera es una película con una postura feminista, lo cual es difícil de determinar; sin embargo, la perspectiva crítica sobre la maternidad, la conformación de su crew, predominantemente compuesto por mujeres, y el guion escrito en colaboración con la también novelista Abia Castillo (CCC - Sogem), quien es autora de la novela No me cerrarán los labios: Una novela sobre Hermila Galindo, feminista y revolucionaria (Penguin, 2021), marca claramente la posición política de Garza.

En esta obra predominan las referencias a representaciones de la maternidad en nuestra cultura, por ejemplo, la madre abnegada (Virgen de Guadalupe), la madre castrante o como lo menciona la curandera Úrsula (Martha Claudia Moreno), la araña que es madre y depredadora a la vez, cuya referencia en forma de telaraña también es recurrente, lo que revela el detalle en la elección de las locaciones (redes, rejas y tejidos) y las imágenes como el puente por el que camina Valeria, las sillas que ella misma elabora o el diseño de la cobija que teje para el bebé que espera.

Este símbolo también se muestra en la escena de La Llorona (México, 1960, René Cardona), que Valeria mira junto a sus sobrinos, en alusión a la figura de esta leyenda tradicional de la mujer que siendo madre antepone sus emociones y pasiones al supuesto instinto maternal, que debería estar presente en todas las mujeres, sólo por el hecho de ser seres con corporalidades capaces de gestar. En ese sentido, también aparecen las plantas llamadas mala madre que cuelgan en el departamento de Valeria y Raúl y que aluden a la opinión que su familia tiene sobre Valeria y su (in) capacidad de maternar y cuidar de otros, por ejemplo, el hijo de la vecina y sus propios sobrinos.

Otra referencia es el tradicional festejo del 10 de mayo, al que Valeria se dirige para celebrar a su madre sin un regalo y en el que también es felicitada por su actual condición. También aparece la madre soltera o “luchona”, esa que se mal mira a nivel social y en ocasiones es ridiculizada, aquella que por muchos años se le ha señalado como la causante de los males de la sociedad, sin reparar que el padre abandonador también está implicado. Así vemos como Vero (Sonia Couoh) es una madre que se encuentra a cargo de su hijo e hija y que siente limitado su campo de acción, pues no puede ir a una fiesta porque debe cuidar a sus hijos, también porque, como le reprocha Valeria, vive al amparo de sus padres.

Para la decoración de la habitación de su futuro/a hijo/a, Valeria elige los colores amarillo y verde, que en principio pueden considerarse neutros en relación con el género del bebé, pues inicialmente desconoce si nacerá un niño o niña, por lo que el amarillo se puede interpretar como luz y felicidad y el verde como esperanza y nueva vida. Sin embargo, son los colores del manto de la Virgen de Guadalupe, referencia que aparece continuamente y casi al final nos anticipa la decisión que toma la protagonista, cuando una Valeria, a manera de doble, porta la cobija-manto de su bebé, misma que le menciona la curandera, es lo que la mantendrá unida a su hijo (a).

Michelle Garza nos plantea que la “feliz espera”, puede no ser así para todas las mujeres, como se supone a nivel social; y que, por el contrario, para algunas es una pesadilla, una situación que les provocar sufrimiento y miedo; incluso afecta la salud mental de las mujeres y desencadena procesos de angustia, psicosis puerperal y depresión posparto.

Lo que detona el malestar en Valeria ocurre cuando se encuentra desmontando su taller, ese cuarto propio del que escribió Virginia Woolf, y se asusta al ver una araña; para quien mira el film es el momento en el que ella comienza a darse cuenta de las renuncias que implica el embarazo y ser madre, por ejemplo, cambiar sus hábitos, hacer a un lado lo que le gusta y renunciar a esa habitación que representa independencia económica y realización personal y profesional.

De este modo, su departamento se irá convirtiendo en una cárcel y el bebé será más importante que ella y sus necesidades, al grado que su esposo Raúl considera la posibilidad de confinarla en un psiquiátrico para preservar la vida del bebé. Al respecto, la psicóloga Juana Armanda Alegría explicó en su libro "Psicología de las mexicanas" (Samo, 1974), que se cree que en nuestra cultura mexicana la figura máxima es la madre, pero ella en su (ab) negación no hace otra cosa que colocarse en último lugar ante el resto de los integrantes de la familia, por lo que termina siendo anulada por otros y autoanulándose. ¿Será esto lo que tanto aterroriza a Valeria?, dejar de ser y existir para ella y para otros, pues en la escena en la que después del parto, mientras la vemos cansada y agobiada, Raúl sostiene a su hija feliz, evidenciando que ella al parir ha dejado de ser el centro de atención de él y del resto de las personas.

Es a partir de la escena en la que Valeria mira desde su balcón a una mujer con el rostro borrado, y que hace movimientos en los que podemos escuchar el chasquido de sus huesos, que ella comienza a sentir que está en peligro, pues queda asustada e impresionada cuando ve que dicha mujer salta de su balcón, como una forma de escape, y se rompe los huesos de las piernas, representación simbólica de que la protagonista cae en cuenta que su vida cambiará y que su andar será difícil y doloroso, tanto que ir hacia sus metas le será casi imposible; de la situación no hay salida sino es sufriendo daño y dolor.

Para Norma, suegra de Valeria, la “locura” de la protagonista es normal, porque cuando las mujeres se convierten en madres sienten que se están partiendo en dos, referencia al doble malvado que se ha comenzado a revelar sin rostro; y que en el parto las mujeres sienten que se les parten los huesos, por lo que es común sentirse aterradas; sin embargo, no se habla de ello porque ante todo, vale pena ser madre. En contraste, Norma le desea a su hijo Raúl que se rompa la pata, como una forma de desearle buena suerte en su trabajo; así mientras que para una romperse las piernas dificulta el avance, para otro, es que todo irá bien.

La figura de la mujer rota también remite al relato de Simone de Beauvoir, en el que Monique la protagonista, vive con dolor que no se le valore como esposa y madre, y que todo lo que ha hecho por las otras personas y su entrega, la han dejado vacía para sí misma y aunque tiene la necesidad de ser auténtica, la presión social no se lo permite. En resumen, dicho texto señala las condiciones que han llevado a las mujeres a vivir sometidas en un mundo que espera de ellas actitudes y comportamientos considerados ideales, pero que no les permiten ser ellas mismas, ¿será por ello que la doble de Valeria ha perdido su identidad y su rostro se encuentra borrado?

Así, otra norma impuesta es la heterosexualidad, necesaria para ser madre, después de un flash back hacia la adolescencia de Valeria conocemos esa parte de su vida que ha preferido ocultar y olvidar, pero que justo el día de las madres se le aparece en la calle, Octavia, antigua amiga y amante; después de ver a una mujer sin rostro atrapada en un balcón. A partir de su reaparición Valeria se cuestionará si debe seguir con la vida ideal que se ha procurado o ir detrás de lo que en realidad desea.

Garza no sólo se encarga de denunciar la presión social de la que las mujeres somos objeto en una edad en las que se nos considera “reproductivas” y en la que suelen sugerirnos que seamos madres para que no se nos “pase el tren”. También muestra la violencia obstétrica que vive Valeria cuando la enfermera le muestra la aguja con la que va a suturar su cuerpo roto debido al parto, mientras le dice: "Sólo van a ser unas puntaditas…”

Es difícil dejar pasar la referencia a El bebé de Rosemary (Roman Polanski, EEUU, 1968), en la que la protagonista también se vive en riesgo de muerte y pérdida, por su condición gestante. En esta también vivimos con ella la angustia de ver aquello con lo que está conviviendo con ella cotidianamente y que representa un peligro. Tanto allí como en Huesera, el sonido es importante para crear una atmósfera inquietante y mantenernos al filo del asiento. A diferencia de Valeria, Rosemary decide seguir el mandato de la maternidad, aún cuando su hijo representa para ella lo monstruoso.

La maternidad se muestra como un mandato social de género que se encuentra tan arraigado en la psique de las mujeres que nos parece un deseo propio; no obstante, para algunas se devela como ajeno durante el embarazo o posterior al parto, lo cual tiene una carga social en forma de rechazo, crítica, burla, en suma actos discriminatorios y violentos; y también tiene una afectación en el bienestar mental en forma de trastornos que pueden llegar a ser incapacitantes y causa de exclusión social y medicalización.

La independencia de las mujeres se ve afectada, pues a diferencia de los hombres, ellas pueden perder su fuente de ingreso por su condición gestante y en consecuencia su independencia económica, pues la maternidad las obliga a anteponer el cuidado de las infancias, lo que las limita en ámbitos como el esparcimiento y el uso del tiempo libre, que son importantes para su bienestar físico y mental. A pesar de que en el siglo actual se habla de los derechos que las mujeres hemos ganado y de que nuestra inserción en materia laboral es un gran logro, es un hecho que el trabajo de cuidado de otras personas, es aún poco valorado; las brechas salariales existen, lo mismo que la doble jornada y el techo de cristal. También permanece el estereotipo del trabajador ideal 24/7, que es hombre y no tiene la obligación de cuidar hijos(as), ni personas ancianas.

Para algunas mujeres, las renuncias a las que lleva la maternidad también impactan su identidad, como en el caso de Valeria, las puede llevar a negar o a renunciar permanentemente a sus deseos y sueños, a concebirse de otra forma que puede ser tan opuesta que conlleva sufrimiento, dolor y angustia. También, como a Verónica, llevarlas y perpetuarlas en un estado de dependencia económica y de permanecer bajo la tutela de los padres, familiares, maridos y en algunos casos, del Estado.

Huesera habla del horror ante la amenaza de la pérdida de la identidad que viven algunas mujeres, ahora llamadas “madres arrepentidas”, quienes al enfrentarse a la maternidad con sus hijos e hijas en brazos, se percatan de que la decisión de ser madres no fue autónoma y propia, sino un condicionamiento social y un deseo de otros que les implica renuncias, límites y sinsabores, la parte oscura de la maternidad que aniquila el ser de las mujeres, no de todas, sólo de aquellas que se ven obligadas a serlo. Es así que Valeria logra salvar a su hija de ella misma, de esa otra mujer que ahora tiene rostro y que prefiere seguir su vida y sus sueños, por lo que renuncia a la maternidad forzada.

Originalmente publicado en el Blog "La Guayaba de Oro"


jueves, 10 de noviembre de 2022

Lo virtual, es real. Las activistas feministas en contra de la violencia en el ciberespacio


Por: Maricruz Gómez

Martín y Michelle se conocieron hace un par de días. Ella no le dio su número, pero él se lo pidió a Sofía. Michelle le dijo a Martin que no le interesa tener una relación, pero él insiste y le envía el siguiente mensaje “¿Qué tal si voy a verte y me meto a escondidas a tu casa?”.

Este es sólo un fragmento de la obra de teatro “Menos mal que es torpe y que me quiere, si no me quisiera y fuera hábil, WhatsApp sería un arma horrible”, pero según los resultados publicados por el Módulo sobre Ciberacoso (MOCIBA, 2019), el 60% de las víctimas de ciberacoso en México son mujeres de 12 a 29 años.

Esta obra fue escrita por Sara F. Flores, Daphne Nájera Villeda y Gayatri Morales Fregoso, jóvenes feministas, integrantes y fundadoras del Colectivo Jermú; que tiene por objetivo generar discursos que propicien el diálogo, la inclusión y la solidaridad desde el quehacer teatral, entendiéndolo como un espacio de disidencias, con perspectiva de género y compromiso ético.

“Menos mal que es torpe…” es una obra de teatro que sucede mediante mensajería instantánea y surge como respuesta a la necesidad de generar nuevas formas de hacer teatro en medio de la crisis sanitaria mundial. El público se adentra en la vida de Michelle y Sofía, quienes son primas y estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que viven de manera independiente de sus familias, en un departamento de la ciudad de México. Las imágenes, mensajes de texto y las calcomanías digitales nos muestran la historia y por qué todo termina tan mal entre los y las personajes.

Las integrantes de Colectivo Jemú están conscientes de que los personajes masculinos son poco complejos y que no todos los hombres son como ellos, pero se sienten sorprendidas cuando el público señala que las conductas de Martín y Raúl son exageradas, pues ellas consideran que han sido demasiado “tibias” al plantearlas, comenta Sara F. Flores.

La romantización del acoso es el fundamento de la conducta de dichos personajes, pues como lo explica Gayatri Morales, a los chavos se les enseña que “ligar” es acosar. Estas jóvenes feministas han recibido mensajes de los espectadores que les dicen que se sienten identificados con los personajes masculinos y su conducta.

Las interacciones entre los personajes: Michelle, Sofía, Cami, Raúl y Martín, están basadas en la investigación realizada por estas jóvenes creadoras y también en su experiencia personal. No obstante, algunas personas expresan que les molesta que su trabajo tenga una perspectiva feminista y otras, afirman que la violencia digital no es importante o que no existe, se resuelve con no enviar fotografías.

En contraste, Social TIC, Luchadoras y la Asociación por el Progreso de las Comunicaciones, generaron una tipología en la que se observan 13 categorías de agresiones hacia mujeres en el ámbito digital: acceso no autorizado, control y manipulación de la información, suplantación y robo de identidad, monitoreo y acecho, expresiones discriminatorias, acoso (conductas sexualizadas o no); amenazas, difusión de información personal o íntima sin consentimiento, extorsión, desprestigio, abuso y explotación sexual relacionada con las tecnologías, afectaciones a canales de expresión y omisiones por parte de actores con poder regulatorio (La violencia en línea contra las mujeres en México, 2017).


La internet y la calle son igualmente peligrosas


El acoso digital es el tipo de violencia que más padecieron las participantes de “Chidas en Línea. Un estudio sobre el Impacto de la Violencia Digital contra las Adolescentes en México” (2021), mujeres entre los 12 y 17 años. Algunas de ellas también reportaron haber sufrido la difusión de contenido íntimo sin consentimiento (nudes) y el abuso sexual relacionado con la tecnología.

Las agresiones que se reportaron con mayor frecuencia en dicho estudio fueron el monitoreo y acecho (5%), el control y manipulación de la información (4%), la suplantación y robo de identidad (4%), la difusión de información personal (3%), la extorsión (3%), el desprestigio (3%), las afectaciones a los canales de expresión (4%) y la omisión por parte de actores con poder regulatorio (3%).

En lo que respecta a las personas agresoras, dicha publicación muestra que, de 168 participantes, 81 señalan que sí conocen a sus agresores y refieren que se trata de ex parejas, compañeros de escuela, amigos y familiares, aunque también reportan que han sido agredidas por mujeres.

Por su parte, Candy Rodríguez activista, periodista y representante en México de Acoso.org, explica que el enfoque feminista ayuda a entender que en la internet se replican muchas violencias y que las mujeres y las disidencias sexuales son atacadas de maneras específicas vinculadas con su sexualidad, el activismo que realizan y los discursos que enuncian, como lo vimos recientemente con la persona no binaria que solicitó que le llamaran “compañere”, desencadenando burlas y reclamos en su contra.

“Internet se me hace igual de peligrosa que la calle” comentó Gema de 16 años participante del estudio “Chidas en línea” (2021). La internet es más que una herramienta o redes socio digitales, es un espacio que se habita, en el que colaboramos, socializamos, interactuamos, generamos información y construimos comunidad, por lo que los fenómenos como la violencia, también se replican, por ejemplo; el racismo, el clasismo, la homofobia, entre otros, menciona Irene Soria Guzmán, hackeractivista, académica y representante de Creative Commons México.

Para Sara, la violencia digital se refiere a la vigilancia, el control o la manipulación de los canales de información digital cuyo objetivo es dañar a una persona. Esta violencia es parte del sistema patriarcal que ha permeado nuestra sociedad durante años, por lo que en el ámbito digital se perpetúan las mismas prácticas, sólo que en diferente formato. Ella enfatiza que no hay una clara separación de lo que ocurre on line y off line, ya que no por ser virtual es menos real.

La violencia digital nos afecta en distintos ámbitos de nuestra vida, aunque no estemos físicamente cerca. Ser acosada mediante las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) provoca enojo, inseguridad, miedo, frustración, desconfianza y afectar la salud mental (MOCIBA,2019). Además, los mensajes amenazantes pueden transformarse en agresiones reales y poner en riesgo la integridad física de las mujeres, señaló Rodríguez.


La internet y el teatro serán feministas o no serán


La prevención y atención de la violencia digital, en opinión de la representante de Creative Commons México, deben partir de una perspectiva feminista, ya que los imaginarios e ideas respecto a lo que deben hacer las mujeres provoca que ellas se alejen de los conocimientos, el uso y la apropiación de las tecnologías. Las coloca en clara desventaja en este ámbito, pues dificulta que inicien procesos de seguridad digital y autocuidado que las protejan de las agresiones en línea, comenta Candy Rodríguez.

Las ciberfeministas y hackerfeministas, son grupos de mujeres que surgieron hace 20 ó 30 años y luchan en contra del robo de la identidad, la violencia digital y crean sus propias herramientas. Sus acciones se basan en principios creados colectivamente por ellas y se derivan de la certeza de que las mujeres pueden aprender de manera colectiva, autónoma y libre y construir procesos de autoformación mediante la metodología del feminismo popular y la pedagogía popular feminista.

La internet es un espacio político en el que las mujeres pueden reclamar sentirse libres y no violentadas. Ellas se convierten en sujetos políticos capaces de tomar agencia para disminuir su vulnerabilidad en el ámbito digital, afirma la periodista y representante de Acoso.org.


En sinergia, las activistas feministas publican estudios, análisis, informes y guías para prevenir, atender y erradicar la violencia digital y parten de que el uso de la internet es un derecho humano que está ligado al derecho a la información y está adherido al derecho a las mujeres a vivir una vida libre de violencias. Para ellas es necesario apropiarse de las herramientas tecnológicas para conocer otras realidades, romper mandatos de género y círculos de violencia (¿Cómo podemos realizar nuestro taller ciberfeminista?, 2021)

La prevención y la información con perspectiva feminista, resultan relevantes para mitigar el impacto de la violencia de género y particularmente aquella que sucede en el ámbito digital, conscientes de esto las integrantes del Colectivo Jermú se unieron para hacer teatro, Sara afirma: “tenemos la cultura de que el teatro será feminista o no será, atendiendo temáticas actuales y urgentes, y nuestro quehacer se encamina a comunicar, informar, prevenir y denunciar la violencia de género”.

“Menos mal que es torpe…” es una obra que tiene dos líneas: la primera, decirles a las mujeres que están viviendo violencia digital, que no están solas; y la segunda, invitar a las personas que están alrededor de ellas, a acompañarlas y no agredirlas o revictimizarlas. Durante su desarrollo se informa al público sobre: sexting y nudes seguras, casas de acompañamiento e instituciones que pueden apoyar e informar sobre violencia de género, cómo llevar a cabo las denuncias y los pormenores de la Ley Olimpia.

Las integrantes del Colectivo Jermú consideran que el teatro tiene la potencia de permitir “ver desde afuera” y generar empatía en quien mira para llevar a las personas a una reflexión, conciencia y cambio de actitud respecto al fenómeno de la violencia digital, como lo menciona Gayatri: “en el momento en el que hay una persona viendo la obra y se da cuenta de que la actitud de Raúl hizo sentir mal a Sofía, o cómo se sintió ella cuando Cami rompió el silencio y decidió acompañarla, es posible que modifique su comportamiento a partir de lo que ya vio”.

Sara comenta que han invitado a la obra a quienes las han acosado mediante redes socio digitales y notan que ellos cambiaron la forma de comportarse, “a mí me pasó que sí entienden eso y saben que no está chido tener estas prácticas y sí le bajan, o las modifican, no puedo decir que son otras personas gracias a nuestra obra, pero si he notado que se dan cuenta cuando llevan a cabo estas conductas, incluso aclaran: no quiero sonar como Martín, pero ¡Hola! ¿Cómo estás?”.


“En esta situación la única que me pudo ayudar fui yo misma investigando hasta encontrar al feminismo” Julia, 13 años (Chidas en línea, 2021).


Las activistas Irene Soria y Candy Rodríguez coinciden en que no hay una receta para evitar sufrir violencia digital, de hecho, la consideran inevitable. No obstante, recomiendan iniciar un proceso de seguridad y autocuidado digitales que implica una mezcla de prácticas, toma de conciencia y el uso adecuado y estratégico de las herramientas tecnológicas.

Un ejemplo es la autodefensa feminista, es decir, un tipo de protección basada en tres pilares: la parte física, la psicológica-emocional y la grupal. Esta forma de intervención aborda el empoderamiento personal y colectivo de las mujeres, con el objetivo de erradicar la violencia machista.

La académica y representante de Creative Commons recomienda: revisemos nuestras redes, ¿qué información tenemos disponible en Facebook?, ¿mi información es pública?, ¿sólo la ven mis amigos (as)?, ¿conozco a las personas que tengo agregadas?, también es importante preguntarse ¿qué queremos que vean otros (as) de nosotros (as)? ¿Tus perfiles de redes sociales tienen tu nombre completo y tus datos reales?

Por otra parte, es imprescindible crear contraseñas seguras, abrir sesiones en computadoras propias, pues de lo contrario se abren canales para que otras personas lleguen a tu información, fotografías y videos. Es recomendable usar llaveros de contraseñas y cambiarlas con regularidad; recordemos que el hackeo, vulnerar la seguridad de los sistemas informáticos, cuentas y redes personales, es el menor de los orígenes de situaciones como el robo de identidad e información, enfatiza Soria.

Encontrarnos involucradas en una situación de violencia digital es una experiencia difícil, pero es importante mantener la calma, no negar lo que está sucediendo, identificar el tipo de violencia y ataque, y generar estrategias efectivas y puntuales, para disminuir el estrés. También es sustancial construir redes de apoyo y de acompañamiento con perspectiva feminista basadas en vínculos sororos, recomienda la académica Soria.

Daphne Nájera comenta que en su obra los personajes femeninos se posicionan y sostienen unas a otras, desde la sororidad para evitar un desenlace trágico. La sororidad, forma cómplice de actuar entre mujeres y propuesta política de los feminismos, ha sido clave para apoyar emocionalmente a quienes sufren violencias por razón de género, mediante la escucha atenta y la no revictimización, es decir, evitar culpabilizar a la víctima de las violencias que ha sufrido. 

Respecto al silencio cómplice, Sara destaca que: aunque no seamos quien sufre violencia digital, es importante estar conscientes de que se trata de romper el pacto patriarcal, de levantar la voz para no ser parte. Es verdad que tú no pediste ver esa situación, ni ser testigo o enterarte de lo que estaba haciendo tu mejor amigo (a) y no tiene por qué ser tu responsabilidad, pero sí la es, una vez que ya sabes qué sucede, te corresponde decidir ¿callarte? o terminar con eso.


Además de hablar respecto a lo que sucede para tener conversaciones incómodas, pero necesarias, se recomienda documentar todo, anotar cuándo pasó y tomar capturas de pantalla. Aunque es una realidad que no queremos ver esos mensajes o imágenes, también lo es que, para denunciar, si así lo decidimos, debemos aportar pruebas, por lo que es necesario conservar esa información. 

Irene Soria sugiere a quien vive acoso en redes socio digitales que: “es importante no engancharse, es decir, no alimentar al troll, no darle insumos para que te siga molestando; lo que no significa ignorarlo, sino evitar que esa persona tenga tu atención y te afecte, pues tú tienes derecho a vivir una vida libre de violencia en línea. Haz lo que te haga sentir bien”.


“Hace cinco años, cuando iba en secundaria tenía un novio y le mandé fotos íntimas mías y después me enteré de que otras personas las tenían” Marisol, 17 años (Chidas en línea, 2021).


El estudio realizado en 2019 por Ilce Gutiérrez, egresada de la Universidad Autónoma del Estado de México, en el que participaron 838 estudiantes de los tres grados de secundaria, reporta que 11 mujeres de 297 enviaron vídeos, fotografías íntimas y/o sensibles a amigos por Facebook y 26 personas difundieron este tipo de material con el objetivo de humillar u obtener algún beneficio. Estas prácticas están relacionadas con el sexting, es decir, el envío de imágenes y audiovisuales íntimos de contenido erótico o/y sexual, mediante las TICs.

Al respecto, Sara comenta: “nosotras como colectivo no entramos en la polémica diciendo si está bien o mal, porque pensamos que ese no es el punto. El sexting es una práctica común que nunca es completamente segura porque el medio de intercambio no garantiza confidencialidad, aun cuando seas precavida. Por lo anterior, nosotras consideramos que lo importante es informar para prevenir”.

“Si sientes duda es no, si no es un rotundo sí; también es no y no hay razón para sentirse presionada”, comenta Sara. Cuando alguien practica sexting su decisión debe basarse en un deseo personal y no ser consecuencia de imposiciones externas. Para Gayatri, es muy importante que antes de enviar mensajes, las personas estén seguras de querer participar y que ambas estén de acuerdo. El consentimiento, fundamental en toda interacción física y virtual, es el tema central. 

Las jóvenes activistas feministas conscientes de que la información, el conocimiento y la conciencia son herramientas para hacer frente a la violencia de género en cualquier ámbito, trabajan en apego a los Derechos Humanos y de las mujeres construyendo estrategias para la prevención, atención y erradicación de la violencia de género, pues consideran que las mujeres y las personas que integran las diversidades sexo genéricas tienen derecho a vivir una vida digna y libre de violencia, también en el espacio digital.


"O Agente Secreto" de Kleber Mendonça Filho (Brasil, 2025)

“El Agente Secreto” (Brasil, 2025), es una película pensada desde la memoria corporal y la fatiga histórica. No solo en su puesta en escena,...