En tiempos donde la industria privilegia narrativas rápidas, rostros conocidos y fórmulas seguras, resulta profundamente valioso, y es un acto de resistencia, encontrarnos con documentales que apuestan por la memoria, la conciencia crítica y la dignidad política de sus protagonistas.
Trisha Ziff y Cecilia Fiel nos entregan dos obras que dialogan entre sí desde geografías distintas, pero con una intención: narrar la vida de hombres que pensaron su tiempo y actuaron en consecuencia.
En "Gerry Adams: Un hombre de Ballymurphy" (México, 2025), Ziff construye un retrato íntimo y político que evita la glorificación simplista. Su mayor acierto radica en la forma en que humaniza a una figura histórica compleja, permitiendo que la memoria personal y la historia colectiva se entretejan con la sensibilidad. Pues en el documental que nos propone Ziff, Adams no es solo personaje, es una construcción crítica que interpela al espectador.
Por su parte, "Dussel: La filosofía es un don para un mundo sin sentido" (México - Argentina, 2025), de Cecilia Fiel, es un acto profundamente amoroso y político. La directora logra algo extraordinario: filmar el pensamiento. A través de una puesta en escena sobria, pero emocionalmente potente, nos acerca a los últimos días de Enrique Dussel sin caer en la solemnidad, pues Fiel desplaza la mirada hegemónica: no hay espectáculo, hay escucha; no hay imposición, hay encuentro.
Y aquí hay que decirlo con claridad: lo que ha hecho Cecilia Fiel es admirable. Enfrentar obstáculos económicos, logísticos, de salud y de distancia para sostener un proyecto documental, y además acompañarlo, presentarlo, dialogarlo con el público después de prácticamente cada función, es un gesto que rebasa lo profesional: es compromiso ético con el conocimiento y con la memoria. En una industria donde “lo que vende” suele ser la ficción ligera, apostar por el documental es, en sí mismo, un acto político.
Ambas directoras convergen en algo esencial: la capacidad de construir relatos biográficos que no pretenden simplemente elogiar, sino espacios de reflexión crítica. Sin embargo, se distinguen en sus estrategias: mientras Ziff articula una narrativa más histórica y contextual, Fiel apuesta por la intimidad filosófica, por la cercanía afectiva que convierte la pantalla en un espacio de diálogo.
Ambas obras también subvierten el canon: aunque sus protagonistas son hombres, en la mirada que los construye hay una ética, situada y profundamente humana. Nos muestra un amplio abanico de “caras”, sentires y pensamientos de los protagonistas. No intenta convertirlos en héroes, sino en seres humanos que destacaron desde el pensamiento y acción críticos.
Porque sí: ser documentalista y mujer hoy, cuando el mercado privilegia lo inmediato, lo espectacular y lo heróico, es resistir. Es creer que el cine también puede ser pensamiento, memoria y transformación.
Porque hay historias que no sólo se ven… se piensan, se sienten y, sobre todo, se llevan dentro.
Ambos documentales están proyectándose en la Cineteca Nacional (Xoco).
Maricruz
