martes, 13 de enero de 2026

"O Agente Secreto" de Kleber Mendonça Filho (Brasil, 2025)

“El Agente Secreto” (Brasil, 2025), es una película pensada desde la memoria corporal y la fatiga histórica. No solo en su puesta en escena, sino también en la elección de su protagonista. Por primera vez en su carrera, Kleber Mendonça Filho, escribió un personaje imaginando un cuerpo específico: el de Wagner Moura. Esa decisión no es menor. Marca un punto de convergencia entre dos trayectorias políticas y artísticas que llevan años dialogando con el poder, la violencia y la memoria.
Moura interpreta a Marcelo, un “agente” atípico: no violento y sin arma. Un hombre que huye y respira dentro de un sistema que ya aprendió a funcionar sin mostrar abiertamente su brutalidad. Esta actuación se sostiene en silencios, miradas y un cuerpo que muestra fatiga y hartazgo. Lejos del grito autoritario del Capitán Nascimento en “Tropa de Elite” (Brasil, 2007), Marcelo, encarna el reverso del poder: sus consecuencias íntimas, su desgaste y su miedo. Moura encarna la vulnerabilidad de una época.
La trayectoria de Moura, vista en conjunto, dibuja un arco: del ejecutor del orden, al fugitivo silencioso. Ese desplazamiento se vuelve explícitamente político cuando dirige “Marighella” (Brasil, 2019), donde asume la memoria de la resistencia brasileña en un contexto contemporáneo hostil. “El Agente Secreto” recoge esa conciencia y la depura: ya no se trata de confrontar al poder, sino de mostrar lo que deja en los cuerpos cuando se normaliza la violencia.

(Crédito desconocido)
Por otra parte, en la filmografía de Mendonça Filho, la película se ubica como un cruce decisivo entre el thriller político, el cine de archivo y la memoria. “El Agente Secreto” filma la dictadura como pedagogía cotidiana: humos, ruidos, burocracia, indiferencia y omisiones. Aquí la violencia no estalla; se respira. El filme dialoga directamente con “Retratos fantasmas” (Brasil, 2023): el archivo ya no es sólo memoria, sino un dispositivo narrativo que conecta el pasado con el presente, demostrando que el primero no se fue, solo aprendió a caminar entre nosotrxs.
También aborda la memoria individual de Mendonça, ya que 1977 es el primer año que recuerda con nitidez y la película se desarrolla en Recife (Pernambuco, Brasil), en donde nació. El guión recupera y nace de los recuerdos y el archivo. De evocar a su madre quien fue historiadora.
Tanto Moura como Mendonça sostienen una postura política clara: el autoritarismo no siempre se impone por la fuerza visible, sino por la costumbre, el silencio y la administración del miedo. Su cine no sermonea; incomoda. No ofrece consuelo; ofrece conciencia. En tiempos donde la violencia vuelve a normalizarse bajo nuevas retóricas de orden, “El Agente Secreto” insiste en una pregunta: Si el cine puede activar el pasado como si acabara de ocurrir… ¿Qué formas de violencia del presente estamos aceptando ya como “normales” sin siquiera nombrarlas?
MariNú



"Obispo Rojo" de Francesco Taboada Tabone

El documental “Obispo Rojo” (Cuba-México, 2024), del director Francesco Taboada Tabone, oriundo de Cuernavaca, Morelos (1973), quien se formó en Ciencias de la Comunicación (Tecnológico de Monterrey), y obtuvo la maestría en estudios mesoamericanos (UNAM), es una obra de larga duración con una narrativa que mantiene a quien mira atento a toda la información que ofrece.
El director, además de investigar desde lo académico, también se ha ocupado de la revitalización lingüística, especialmente del náhuatl en Morelos, y ha participado en intervenciones comunitarias que cruzan lo audiovisual y lo social, por lo que su labor no se reduce al cine y en su obras logra una densidad que trasciende el mero registro de los hechos, combinando el registro documental con el compromiso político social.
De este modo, su activismo se alinea con la lógica del documental como herramienta de memoria, resistencia y empoderamiento, es decir, no sólo se enfoca en “mirar”, sino “poner en escena” saberes marginados, actores sociales olvidados y relatos silenciados.
La filmografía documental de Taboada ha obtenido reconocimiento en festivales internacionales e inició con su ópera prima “Los Últimos Zapatistas” (2001), en la que rescata el testimonio de veteranos del movimiento zapatista.
Continuó con “Pancho Villa, La Revolución no ha terminado" (2007), en donde aborda la figura de Villa y su legado en varios estados de la república mexicana. Después nos entregó “13 Pueblos en defensa del agua, el aire y la tierra" (2008), documental de carácter ambientalista y social que se centra en comunidades indígenas de Morelos.
Fue al estar filmando dicho documental que descubrió que junto a los pueblos nahuas que estaban en disputa, había sacerdotes comprometidos con la lucha, lo que llamó su atención porque por lo general las autoridades eclesiásticas de nuestro país son conservadoras; sin embargo, Taboada entendió que la postura de dichos sacerdotes tenía como origen las enseñanzas de don Sergio Méndez Arceo, por lo que decidió comenzar a escribir el guión de esa historia que creyó sería local, pero en medio de la investigación se dió cuenta que tenía conexiones a nivel mundial.
Así, “Obispo rojo” requirió una investigación profunda sobre la vida del obispo mexicano Carlos Sergio Méndez Arceo, quien en los años 70 enfrentó las estructuras tradicionales de la Iglesia católica y los regímenes autoritarios latinoamericanos.
La profundidad de la investigación es uno de los grandes méritos de este documental. En él se muestra material inédito de Sergio Méndez a partir de una investigación hemerográfica inicial, acompañada de entrevistas a personas que lo conocieron y/o convivieron con él en diferentes ciudades de México y Latinoamérica. Es relevante mencionar que a partir de la narración de “Obispo Rojo” nos damos cuenta que Méndez Arceo es una figura cuya presencia aparece “silenciada” tanto por la historia oficial como por la jerarquía eclesiástica.
En este documental Taboada dirige, escribe el guión, produce y edita, demostrando su oficio al estructurar un relato de larga duración (casi tres horas), sin perder el pulso de la investigación, ya que utiliza testimonios de personalidades como Sylvia Marcos, Teresa Forcades, Enrique Dussel, Leonardo Boff, entre otras; y material de archivo inédito, articulados en escenas que permiten observar la tensión entre Iglesia, Estado y movimientos sociales.
En el guión Taboada asume no sólo la biografía lineal, sino la condición de transformación, es decir, mostrar cómo Méndez Arceo pasa de una postura conservadora a abrazar la teología de la liberación y la opción por los pobres. Lo hace mediante bloques temáticos como la reforma litúrgica, el impulso obrero, la solidaridad con exiliados; mismos que dialogan con testimonios. En ese sentido, es interesante como “Obispo Rojo” se puede configurar también como herramienta formativa al permitir indagar la intersección entre religión, política, movimientos sociales y derechos humanos.
La cámara de Taboada dirige su mirada hacia un personaje que a partir de las experiencia de vida cambia su perspectiva, pues el twist point es el momento en que Méndez llega con unos obreros en huelga y uno de ellos le hace consciente de su lugar social al decirle: “usted no sabe nada de los pobres”, lo que marca claramente su cambio que se concreta en la idea de no ser juez, sino parte en los conflictos obrero-patronales. Ésto seguramente exige un tono más bien serio, que el realizador mantiene con algunos momentos humorísticos, pero siempre evitando en el panfleto fácil.
Los primeros planos de las entrevistas acompañan momentos íntimos de silencio de éstas, y algunos muy emotivos. Estos se mezclan de manera armónica con planos más amplios de lo que podríamos denominar “paisaje social”: fábricas, parroquias, huelgas obreras, entre otros. Lo anterior, nos permite presenciar cómo Taboada no sólo está retratando un individuo, sino una comunidad con la que el obispo se alió y la cual lo recuerda y honra.
La fotografía, a cargo de Fernanda Robinson, aporta un valor estético importante, ya que en algunos momentos el archivo en blanco y negro puede dialogar sin contratiempo, con metraje contemporáneo de Cuernavaca y latinoamérica, lo que permite una lectura temporal y espacial.
La sonoridad del filme, articula un contrapunto entre momentos litúrgicos, piezas de mariachi y toques de jazz. Ello me parece un acierto, ya que funciona para subrayar la tensión entre lo sagrado institucional (Iglesia) y lo popular, lo rebelde y lo comunitario. Por ejemplo, la integración de mariachis en la misa celebrada por Méndez Arceo rompe con la solemnidad de la liturgia tradicional y abre un espacio para lo popular, lo cual Taboada aprovecha para marcar simbólicamente como un quiebre. Asimismo, el jazz introduce un ritmo “otro”, una fisura auditiva que evoca la modernidad, la disidencia y la síntesis cultural.
La relación de Méndez con la jerarquía eclesiástica se muestra tensa debido a su cercanía con movimientos populares. Lo que hizo que fuese observado por la Santa Sede y que lo vincularan con corrientes de la izquierda cristiana. Además, en el contexto mexicano entre 1950 a 1980, la Iglesia católica vivía un complejo escenario de relación con el Estado mexicano.
Méndez Arceo jugó un papel crítico en la redefinición de esa relación, ya que prefirió apoyar a las personas pobres, a los sindicatos en huelga, y albergar a personas guerrilleras y exiliadas políticas latinoamericanas en su diócesis. Estos actos no contaron con la aprobación del Vaticano y el Estado mexicano, en el contexto de la Guerra Fría. Así, el mote “Obispo Rojo” aparece porque su activismo social, simpatía hacia movimientos de izquierda y teología de la liberación lo hicieron ver como un “rojo” por sectores conservadores de la Iglesia y el Estado.
Méndez Arceo fue un precursor del cristianismo de base liberador en México, alineándose con teólogos como Leonardo Boff (Brasil) y compartiendo espacios con Iván Illich, quien criticaba la modernidad, la institucionalización de la Iglesia y defendía la opción por la sencillez.
Aunque en el documental de Taboada el tema se menciona tangencialmente, cabe destacar la historia del Convento de Santa María la Resurrección en Ahuacatitlán (Morelos) —donde se exploraron entonces prácticas de psicoanálisis entre monjes benedictinos bajo la dirección de Gregorio Lemercier— También es muestra de su visión reformista, pues autorizó que se llevara a cabo y apoyó tanto como le fue posible, el proyecto de Lemercier. Así, este fragmento nos remite al falso documental “Feral” (2021) de Andrés Kaiser, quien se inspiró en el texto de Vicente Leñero, “Pueblo Rechazado” (1968), que a su vez se basa en la experiencia del conflicto que generó la práctica del psicoanálisis en el monasterio de Lemercier y que fue prohibida por el Vaticano.
Ahora bien, en "Feral", Kaiser imagina qué podría haber ocurrido con los monjes después de su renuncia a la vocación, alejados del monasterio, en un bosque, y plantea la tensión entre la teología del cuerpo, el psicoanálisis y la institución eclesial. Por su parte, en “Obispo Rojo”, se recupera una figura real que transitó la frontera Iglesia–disidencia, lo cual alude en parte al mismo territorio simbólico que Lemercier exploró: poder religioso, cuerpo, psicoanálisis, liberación y silenciamiento.



En general, podemos decir que ambas obras denuncian cómo la institución religiosa negó espacios de transformación profunda y cómo los sujetos que se alinearon con la liberación fueron anulados o invisibilizados. Así, la figura de Méndez Arceo no solo puede leerse en clave eclesial o política, sino también en las dinámicas simbólicas en las que el cuerpo del obispo es mediador entre estructura y comunidad, y entre represión y liberación.
“Obispo Rojo” es un documental que rescata a un actor silenciado del movimiento progresista católico y de los derechos humanos en México, da material de análisis para comprender la intersección entre Iglesia y política en un periodo crucial de América Latina, y además lo hace con un lenguaje audiovisual que dialoga con la estética del archivo, el testimonio y la musicalidad.
En definitiva, “Obispo Rojo” no solo cuenta la historia de Sergio Méndez Arceo, sino que invita a repensar la Iglesia mexicana, el sujeto cristiano progresista, la memoria de los pueblos y la estética del documental como espacio de educación y transformación. En esos términos, en Méndez Arceo encontramos una figura que cuestionó múltiples ejes de opresión mientras se mantenía dentro del cuerpo eclesial. Y eso, honestamente, es poco común. MariNú



“Autos, m0t4 y rocanrol” (2025): juventud, resistencia y memoria en el cine

José Manuel Cravioto regresa con una propuesta arriesgada y fresca. Si en “Olimpia” (2018) recreó el movimiento estudiantil del 68 con rotoscopía, ahora en “Autos, m0t4 y rocanrol” se adentra en el mito de Avándaro (1971), llamado el “Woodstock mexicano”.

La película combina comedia negra, falso documental y material de archivo para narrar cómo un concierto y una carrera de autos terminaron convirtiéndose, sin siquiera imaginarlo, en el festival más emblemático del rock mexicano. Con humor, sátira y estética de 16mm, Cravioto nos recuerda que la contracultura no fue sólo libertad, sino también tensiones, contradicciones y exclusiones.

En esta aventura cinematográfica participan: Emiliano Zurita (premiado en el FICG 2025) y Alejandro Speitzer como la dupla protagónica, que dan vida al "Chaparro" y al "Negro". Otro detalle destacado es el diseño de arte que recrea los 70 con detalle y energía.

En el sound track podemos escuchar música de Three Souls in My Mind, Peace and Love y Dug Dug’s, reinterpretada por bandas como URSS bajo el árbol y Lost Jipitecas, además del aporte de Francisco Cravioto, que nos transporta directo al festival.

En el film las mujeres aparecen en papeles secundarios, reproduciendo la invisibilidad que hemos padecido en la memoria oficial de la contracultura. No obstante, podemos ver personajes como Ella Laboriel, jefa de prensa del festival y a una jovencísima Celia Lora. También desfocaliza la figura de la joven conocida por años como “La encuerada de Avándaro”, mostrando que el desnudo no fue la excepción, sino la norma en este evento y que fue, en cierto modo, un forma de expresión generacional en contra de las convenciones morales de la época.

Un detalle que me parece acertado fue la inclusión del personaje de Enrique Marroquín (México, 1939), sacerdote mexicano, intelectual y progresista, quien documentó y analizó la contracultura en México, específicamente a los jipitecas, escribiendo sobre la espiritualidad, la cultura de la época y el rock en publicaciones como "Piedra Rodante" (Rolling Stone), en donde publicó un texto / testimonio titulado "Dios quiere que llueva para unirnos". También brindó cursos sobre el blues, los poetas malditos y los escritores beatniks y participó en los "happenins" convocados por Alejandro Jodorowsky.

En conjunto con “Olimpia”, la cinta forma un díptico sobre juventud, rebeldía y memoria en México. Una invitación a repensar nuestro pasado, nuestras luchas y nuestras formas de narrarlas.
Maricruz Gómez López.



Estreno comercial: 11 de septiembre de 2025, a 54 años del Festival de Avándaro.
Disponible en Cineteca Nacional y circuito de cines independientes.
¿Ya la viste? ¿Qué opinas de esta mezcla de sátira, memoria y rock mexicano?




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